
Libros imprescindibles:
-La forja de un rebelde
Arturo Barea.
Trilogía
II. La ruta
-¿Va usted al zoco, abuelo? -le dije-. Si va usted allí, venga conmigo, que le pondré en buen camino. Estamos haciendo una carretera y ya no existe más la vereda.
Al sonido de mis palabras levantó la cara roída de arrugas y de sol. Tenía una barba blanca sucia y unas cuencas vacías con ribetes rojos, los párpados legañosos hundidos en las cuencas.
-¿Una carretera?
-Sí, abuelo. Una carretera a Xauen. Será un gran camino, porque podrá usted ir sin tropezar. El ciego estalló en una carcajada aguda y convulsiva. Golpeó con su palo los montones de tierra cavada y el tronco de la higuera. Después extendió en círculo el brazo, como si quisiera abarcar el horizonte, y gritó:
-¿Un camino llano? Yo siempre he caminado por la vereda.
¡Siempre, siempre! No quiero que mis babuchas se escurran en sangre y este camino está lleno de sangre todo él. Lo veo. Y se volverá a llenar de sangre, ¡otra vez y otra y cien veces más!
El moro ciego y loco volvió a sus montañas por el sendero que le había llevado hasta allí; y por un largo tiempo pudimos ver su silueta sombría en los cerros, huyendo de aquella maldita ruta que avanzaba hacia la ciudad.
Había olvidado el incidente. Ahora lo recordaba. Dos veces ya aquella ruta se había empapado de sangre española.
Y por aquellos días, miles de hombres estaban trazando nuevas rutas a través de toda España.
1943. 352 páginas. Descarga:
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