Bélgica estableció un régimen de terror en el Congo para enriquecerse. Leopoldo II criminal. Quién lo denunció…

Estatua a Leopoldo II en Amberes, saboteada.

Repasando la historia:

Cortando manos y exterminando a millones de personas: cómo el rey de Bélgica estableció un régimen de terror en el Congo para enriquecerse.

Se calcula que entre tres y más de 20 millones de personas murieron víctimas del régimen establecido por Leopoldo II en el llamado Estado Libre del Congo, que el monarca administró como su propiedad privada a finales del siglo XIX y principios del XX.

Administrar el Congo como una propiedad privada

Nacido en 1835, Leopoldo II ascendió al trono en 1865 y gobernó Bélgica hasta su muerte en 1909. Casi la mitad de este periodo, entre 1885 y 1908, fue el monarca absoluto y el único propietario del Estado Libre del Congo, que gestionó como una posesión privada con el beneplácito de las otras naciones europeas con intereses coloniales en África.

A pesar de que formalmente el objetivo del proyecto era ‘civilizar’ a los habitantes locales y mejorar sus condiciones de vida, pronto la empresa se redujo a la explotación ilimitada de las riquezas de la enorme colonia, 80 veces más grande que Bélgica.

Debido a la falta de contabilidad, el volumen de los recursos extraídos por los funcionarios del monarca, que nunca puso un pie en el Congo, sigue siendo desconocido. Se estima, sin embargo, que en los 23 años que el territorio africano estuvo bajo la dominación personal de Leopoldo II el rey ganó cerca de 220 millones de francos de la época, equivalentes a más de 1.000 millones de dólares de hoy.

Fotos. Mujeres y niños con manos cortadas como castigo.

El corazón de las tinieblas

Estos niveles de explotación podían lograrse solo mediante un régimen de terror generalizado y con la ayuda de la impunidad de los oficiales europeos. En el Congo de Leopoldo II eran comunes prácticas como la toma de rehenes entre la población local, así como los castigos corporales, las mutilaciones y las expediciones punitivas contra aldeas que no hubieran cumplido la cuota de producción de marfil o caucho.

A partir de los años 1890, varios contemporáneos —entre ellos Anatole France, Mark Twain y Arthur Conan Doyle— denunciaron el régimen de terror establecido en el Congo. El texto más famoso que refleja las atrocidades que se cometían diariamente en la colonia privada del rey belga es la novela ‘El corazón de las tinieblas’, del escritor británico nacido en el Imperio ruso Joseph Conrad.

Antes de que una campaña pública internacional obligara a Leopoldo II a vender su posesión africana al Estado belga, su existencia resultó en la muerte de una gran parte de la población congolesa.

A falta de censos, el número exacto de las víctimas del régimen colonizador se desconoce, aunque las estimaciones varían entre tres y más de 20 millones de personas.

“Ciertamente, con una pérdida de población estimada en 10 millones de personas, lo que sucedió en el Congo podría razonablemente llamarse la parte más asesina del reparto europeo de África”. Adam Hochschild, historiador

«En Berlín no hay estatuas de Adolf Hitler, ¿verdad? Me molestan las estatuas y me siento mal cuando las veo en Bruselas», agregó Noah, que asegura que el racismo sigue vigente en el país. «Apuesto a que todas las personas negras en Bélgica han tenido alguna experiencia relacionada con el color de su piel. Finalmente, después de un tiempo te pones un arnés para dejar de sentir emociones cuando experimentas algo racista. Me temo que es una armadura que tendré que usar el resto de mi vida», confesó el chico, cuyos padres inmigraron a Bélgica desde el Congo.

https://actualidad.rt.com/actualidad/355539-cortar-manos-millones-rey-belgica-rerirar-monumentos-leopoldo

Foto. J. Conrad.

*Joseph Conrad

El escritor Joseph Conrad, se inspiraría en el horror que pudo contemplar durante su estancia en el Congo en 1890 como capitán de un barco que recorría el río Congo para escribir su obra más conocida «El corazón de las tinieblas». En una ocasión Conrad afirmaría que había dejado de ser un animal para convertirse en escritor cuando navegó por el Congo. Puso en boca de Marlow, el protagonista de su obra, estas palabras que reflejan como años después él también se sintió partícipe de aquel horror por haber estado allí y ser testigo de lo que sucedía «Después de todo -escribe con palabras que rezuman amarga ironía- también yo era una parte de la gran causa, de aquellos elevados y justos procedimientos». El mismo título de Corazón de las tinieblas se inspiró en el rey Leopoldo II, un viaje a aquel mundo de pesadilla que Leopoldo II había creado en el Estado Libre del Congo, y del que el escritor Javier Reverte escribe que en una ocasión había afirmado que la misión de los europeos en África era «llevar allí la civilización europea y romper las tinieblas», aunque en el caso de Leopoldo II se olvidó de la civilización y les dejó las tinieblas más profundas.

Foto. G.W. Williams.

*George Washington Williams

Clérigo e historiador norteamericano de raza negra, (1849-1891), publicaba «Carta abierta a Su Serena Majestad Leopoldo II, Rey de los Belgas y Soberano del Estado Independiente del Congo,». Williams era un respetado historiador en Estados Unidos, que en 1882 había publicado «The History of the Negro Race in America 1619–1880», que había sido la primera obra histórica que trataba el tema de la participación de los negros en la construcción de la nación norteamericana, y en 1888 «A History of Negro Troops in the War of Rebellion» sobre los soldados negros en la Guerra de Secesión. El Estado Libre del Congo había despertado el interés de Williams ya que pensaba, como la mayor parte de la sociedad en aquel tiempo, que aquel era un honesto intento de acabar con la esclavitud y ayudar a la población de aquel territorio a progresar.

Pero en 1890 viajó al Congo y quedó horrorizado ante lo que vio allí y fruto de sus observaciones fue esa carta abierta dirigía al rey Leopoldo II donde denunciaba las atrocidades cometidas en el Congo, desmontando la mentira que durante años había mantenido el rey belga. No se había llevado la civilización al Congo, ni se había abolido la esclavitud y a lo largo de la carta enumera un total de doce acusaciones contra el gobierno de Leopoldo II, acusaciones como esta «El Gobierno de Vuestra Majestad ha sido, y sigue siendo, culpable de librar guerras injustas y crueles contra los nativos, con la esperanza de conseguir esclavos y mujeres que estén a las órdenes de los representantes de vuestro Gobierno», relata episodios de brutalidad como este «En una de estas guerras, dos oficiales del Ejército belga vieron, desde la cubierta de su vapor, a un nativo en su canoa que iba a cierta distancia. No era un combatiente e ignoraba el conflicto que se desarrollaba en la orilla, lejos de allí. Los oficiales se apostaron cinco libras a que eran capaces de acertarle al nativo con sus rifles. Efectuaron tres disparos y el nativo cayó muerto, con la cabeza agujereada», y denunciaba que «El Gobierno de Vuestra Majestad se dedica al tráfico de esclavos, al por mayor y al por menor. Compra, vende y roba esclavos». Y en las conclusiones de la carta ataca duramente al rey belga «Contra el engaño, el fraude, los robos, los incendios intencionados, los asesinatos, las incursiones para hacer esclavos y la política general, de crueldad seguida por el Gobierno de Vuestra Majestad con los nativos, destaca la paciencia sin igual de éstos, y su alma indulgente y sufrida, que saca los colores a la civilización de la que tanto alardea el Gobierno de Vuestra Majestad y a la religión que éste profesa». Y para terminar afirmaba que «Todos los crímenes perpetrados en el Congo lo han sido en vuestro nombre, y vos debéis responder ante el tribunal del Sentir Popular por la mala gestión de un pueblo, cuyas vidas y fortunas os fueron confiadas por la augusta Conferencia de Berlín de 1884-1885» y finalmente añade «Yo ahora apelo a las autoridades que os encomendaron este naciente Estado, y a los grandes Estados que le dieron vida internacional cuyas majestuosas leyes habéis desdeñado e ignorado, para que convoquen y creen una Comisión Internacional que investigue las acusaciones presentadas en este documento en nombre de la Humanidad, del Comercio, del Gobierno Constitucional y de la Civilización Cristiana.» Y aún escribiría Williams un informe dirigido al presidente norteamericano Benjamin Harrison bajo el título de «Un informe sobre el Estado y el País del Congo para el presidente de la República de los Estados Unidos de América» repitiendo de forma más detallada las acusaciones vertidas en la carta abierta al rey belga. Leopoldo II reaccionó con una campaña de desprestigio de los escritos de Williams que este no pudo replicar porque murió en el viaje de regreso desde el Congo a Estados Unidos en 1891.

Escrito de Morel sobre Leopoldo II.

*Edmund Denel Morel

Quién se encargaría de tomar el testigo de las acusaciones de Williams sería el periodista y escritor inglés Edmund Denel Morel (1873-1924), que en un principio había apoyado la labor del rey belga Leopoldo II con la creación del Estado Libre del Congo pero después de recibir informes de los misioneros protestantes que habían estado allí y le relataron lo que estaba sucediendo, decidió desenmascarar al rey y denunciar ante la opinión publica los horrores cometidos por la administración del monarca que supuestamente había ido allí a civilizar a los pueblos que habitaban aquel territorio pero que en realidad estaba dedicándose a explotarlos y torturarlos en beneficio propio. Fundó a finales del siglo XIX el periódico «West African Mail» dedicado en exclusiva a denunciar la actuación de Leopoldo II e inició una campaña de denuncia para que estos hechos fueran conocidos por toda Europa.

Portada libro Mark Twain.

*En el año 1904 se publicó en Inglaterra el Informe Casement sobre el Congo , la primera investigación oficial que sacaba a la luz la realidad del Congo. Ese mismo año Roger Casement y Edmund Dene Morel unieron esfuerzos para crear la Asociación para la Reforma del Congo, que se encargó de organizar las protestas en diferentes países contra el monarca belga, una campaña a la que se unirían personajes tan importantes del mundo de las letras como Arthur Conan Doyle (1854-1930), que escribiría una obra titulada «El crimen del Congo» y el norteamericano Mark Twain (1835-1910) que en 1905 publicaba su obra «El soliloquio del rey Leopoldo» burlándose del monarca.

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