{"id":95272,"date":"2024-02-20T00:00:00","date_gmt":"2024-02-19T23:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.presos.org.es\/?p=95272"},"modified":"2024-02-04T10:46:38","modified_gmt":"2024-02-04T09:46:38","slug":"libro-las-trece-rosas-de-jesus-ferrero-que-perdieron-las-trece-rosas-aquella-manana-de-agosto-de-1939-y-por-que-representaron-de-un-modo-tan-definido-la-dignidad-ante-el-abismo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.presos.org.es\/index.php\/2024\/02\/20\/libro-las-trece-rosas-de-jesus-ferrero-que-perdieron-las-trece-rosas-aquella-manana-de-agosto-de-1939-y-por-que-representaron-de-un-modo-tan-definido-la-dignidad-ante-el-abismo\/","title":{"rendered":"Libro \u00abLas trece rosas\u00bb, de Jes\u00fas Ferrero. \u00bfQu\u00e9 perdieron las trece rosas aquella ma\u00f1ana de agosto de 1939 y por qu\u00e9 representaron de un modo tan definido la dignidad ante el abismo?."},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.presos.org.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/Captura-desde-2024-02-04-10-33-16.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-95274\" width=\"350\" height=\"380\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Portada libro \u00abLas trece rosas\u00bb.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"font-size:clamp(16.834px, 1.052rem + ((1vw - 3.2px) * 1.007), 26px);\"><strong>Libros imprescindibles:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"font-size:clamp(15.747px, 0.984rem + ((1vw - 3.2px) * 0.907), 24px);\"><strong>-Las trece rosas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#831212;font-size:clamp(14px, 0.875rem + ((1vw - 3.2px) * 0.33), 17px);\"><strong>Jes\u00fas Ferrero.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"font-size:clamp(14px, 0.875rem + ((1vw - 3.2px) * 0.22), 16px);\"><strong>\u00abLas trece rosas\u00bb ha supuesto para Jes\u00fas Ferrero el redescubrimiento de las emociones extremas de la tragedia griega en la Espa\u00f1a que sucedi\u00f3 al primer holocausto. \u00bfQu\u00e9 perdieron las trece rosas aquella ma\u00f1ana de agosto de 1939 y por qu\u00e9 representaron de un modo tan definido la dignidad ante el abismo?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Son los tiempos de la primera posguerra. Trece mujeres, casi todas menores de edad, son detenidas, juzgadas y ajusticiadas. Tras su muerte, empiezan a ser llamadas \u00abLas<\/strong> <strong>trece rosas\u00bb.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>As\u00ed comienza la leyenda que da cuerpo a esta novela, en la que Jes\u00fas Ferrero vuelve a sumergirse en las fuentes de las que surgen los mitos, para dar vida a trece conciencias que parec\u00edan normales, y que en muchos aspectos lo eran, pero que encarnaron una terrible paradoja: a la vez que dejaron un rastro imborrable, fueron pr\u00e1cticamente borradas de la historia.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.presos.org.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/Captura-desde-2024-02-04-10-33-45.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-95273\" width=\"300\" srcset=\"http:\/\/www.presos.org.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/Captura-desde-2024-02-04-10-33-45.png 524w, http:\/\/www.presos.org.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/Captura-desde-2024-02-04-10-33-45-300x165.png 300w\" sizes=\"(max-width: 524px) 100vw, 524px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">T\u00edtulo libro.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Julia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Se hallaba de pie, al fondo de un and\u00e9n oscuro y desierto. Su padre a\u00fan estaba vivo y trabajaba en aquella estaci\u00f3n en la que s\u00f3lo hab\u00eda un reloj y no ten\u00eda agujas. Era el reloj de un tiempo muerto y todo en el and\u00e9n parec\u00eda polvoriento: los bancos, las columnas de hierro, el techo de cristal, el suelo. De vez en cuando pasaban trenes sin control, a veces eran trenes ardiendo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Su padre, que se hallaba junto a la v\u00eda, te dec\u00eda:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>\u2014Ponte mi chaqueta, Julia, que va a hacer mucho fr\u00edo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Con esa frase en la cabeza se hab\u00eda despertado. Abri\u00f3 los ojos y, durante unos instantes, no supo d\u00f3nde estaba. Mir\u00f3 hacia la derecha. La puerta que ve\u00eda parec\u00eda la de aquel apeadero sin tiempo, pero enseguida se dio cuenta de que era la del armario y de que se hallaba en su cuarto. Respir\u00f3 con alivio y comprob\u00f3 que sobre la butaca reposaba la chaqueta de ferroviario que su padre le hab\u00eda regalado antes de morir.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Julia salt\u00f3 de la cama y se acerc\u00f3 a la ventana. La peque\u00f1a calle Galer\u00eda de Robles se desplegaba entera ante sus ojos y al fondo se ve\u00edan un carromato y una bicicleta. Los muros ennegrecidos, las farolas rotas, la paloma coja que derivaba por la acera la conduc\u00edan, m\u00e1s que a su cuarto, a un mundo de precariedad que estimulaba poco la imaginaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Desde el pasillo llegaban las voces de su hermana y sus sobrinas, que se hallaban de visita. Le extra\u00f1aba o\u00edr de pronto las voces tan lejos, y pens\u00f3 que deb\u00eda de ser un<\/strong> <strong>efecto del sue\u00f1o que hab\u00eda tenido con su padre. Julia esper\u00f3 a que las voces se alejasen todav\u00eda m\u00e1s para deslizarse hasta cuarto de ba\u00f1o, donde se estuvo aseando antes de poner las bragas y el sujetador, cuya blancura contrastaba con piel morena.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Luego se mir\u00f3 al espejo y esboz\u00f3 una mueca burlona. Ten\u00eda la cara redonda y casi cobriza. La clase de cara que acaba siendo el marco perfecto para las sonrisas abiertas. Antes de la guerra, Julia hab\u00eda frecuentado el C\u00edrculo de Cuatro Caminos, a cuyo coro pertenec\u00eda, y durante la guerra hab\u00eda trabajado de enfermera y de cobradora de tranv\u00eda. Tambi\u00e9n hab\u00eda participado en varios cert\u00e1menes populares como esgrimista, y no se le daba mal el florete.<\/strong> <strong>Ahora se limitaba a coser en casa, siempre atenta a los vendavales que estaba recorriendo la ciudad.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Mientras se rociaba el cuello con agua de lavanda, Julia volvi\u00f3 a sentirse extra\u00f1a ante el espejo, y se pregunt\u00f3 por qu\u00e9. Poco despu\u00e9s, llamaron a la puerta. Abri\u00f3 su hermana Trinidad.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Dos hombres aparecieron ante ella. El m\u00e1s robusto de los dos llevaba un traje de invierno y sudaba. El otro, delgado y p\u00e1lido, fumaba un cigarrillo muy arom\u00e1tico. El P\u00e1lido dijo:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>\u2014\u00bfEst\u00e1 Julia?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Trinidad neg\u00f3 con la cabeza. Fue entonces cuando apareci\u00f3 Julia en el pasillo, con la chaqueta de su padre en la mano.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>\u2014Acomp\u00e1\u00f1anos \u2014dijo el P\u00e1lido, mirando a las hermanas con paciencia\u2014. No te preocupes, en un par de d\u00edas estar\u00e1s en casa. Es s\u00f3lo un tr\u00e1mite.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Med\u00eda hora despu\u00e9s, Julia ya se hallaba en la comisar\u00eda de la calle Segovia. All\u00ed la tuvieron toda la noche incomunicada. A la ma\u00f1ana siguiente, la condujeron a un despacho donde la aguardaba un hombre de bigote fino y mirada resbaladiza, que la estuvo interrogando un buen rato y que al hablar emit\u00eda un silbido mareante.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Ese mismo d\u00eda falleci\u00f3 una de sus hermanas y la dejaron salir.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Habituada a la penumbra de la celda, la luz del d\u00eda la her\u00eda en los ojos cuando lleg\u00f3 a la Galer\u00eda de Robles. Sus familiares la recibieron como a una resucitada, entre<\/strong> <strong>llantos y murmuraciones vagas que la sumerg\u00edan en un universo sin consistencia. La casa estaba iluminada con velas y las sombras se agrandaban en los pasillos, haci\u00e9ndole creer que hab\u00eda pasado de un purgatorio a otro, casi sin transici\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Acostumbrada como estaba al rumor de la comisar\u00eda y a su interminable sucesi\u00f3n de ecos, o\u00eda las voces de sus familiares de otra manera, y a veces cre\u00eda que eran las<\/strong> <strong>sombras del pasillo las que formulaban juicios terribles sobre la muerte y la vida mientras su hermana yac\u00eda en una caja ordinaria pintada con nogalina.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Julia bes\u00f3 a su hermana y luego sali\u00f3 al pasillo y se ech\u00f3 a llorar.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>\u2014Que no venga nadie al entierro&#8230; S\u00f3lo los familiares \u2014exclam\u00f3.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Su hermana Trinidad, que estaba a su lado, le pregunt\u00f3 por qu\u00e9.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>\u2014Me han dejado salir porque piensan que a trav\u00e9s de m\u00ed pueden marcar a m\u00e1s gente&#8230;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Trinidad difundi\u00f3 enseguida la orden y ninguno de sus amigos acudi\u00f3 al cementerio.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Concluida la ceremonia, Julia regres\u00f3 a comisar\u00eda donde fue sometida a nuevos interrogatorios.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color wp-block-paragraph\"><strong>Entre sesi\u00f3n y sesi\u00f3n, sol\u00eda pensar en su hermana muerta. S\u00f3lo cinco personas hab\u00edan ido al entierro. Las suficientes para cargar con el ata\u00fad. Mejor, pens\u00f3. Un muerto no necesita m\u00e1s compa\u00f1\u00eda. Su amiga Blanca le hubiese dicho eso. A un entierro basta con que acuda un buen amigo, en representaci\u00f3n de todos los buenos amigos que pudieron ser y no fueron. A veces basta con que asista un perro&#8230;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#2b127c;font-size:clamp(14px, 0.875rem + ((1vw - 3.2px) * 0.22), 16px);\"><strong>Descarga. 144 p\u00e1ginas:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\"><strong>&#8211;<a href=\"https:\/\/drive.google.com\/file\/d\/1TgM0fgTjvQ0DXuLvUSLRVOeis-cevtC7\/view?ts=659019a5\">https:\/\/drive.google.com\/file\/d\/1TgM0fgTjvQ0DXuLvUSLRVOeis-cevtC7\/view?ts=659019a5<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Libros imprescindibles: -Las trece rosas. 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