26 diciembre 2007

 Recogido del diario vasco GARA

 

La siniestralidad laboral en Euskal Herria no cesa en 2007

Objetivo: salir ileso del trabajo

El balance de la siniestralidad laboral es trágico. En este momento en que nos encaminamos a pasar la página del calendario de 2007, al menos han fallecido 116 trabajadores y más de 57.000 han tenido un accidente laboral con baja en Euskal Herria. Los sindicatos realizan un repaso de la evolución y, sobre todo, de las carencias que perduran en materia de salud laboral.

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Entre 1996 y 2007, aunque todavía los datos oficiales no están cerrados a diciembre, en Euskal Herria se han producido al menos 1.574 muertes de trabajadores; otros 8.756 tuvieron accidentes graves, de los cuáles más del 90% habrá quedado incapacitado para el trabajo y dos de cada tres sufrió lesiones para el resto de su vida, que le mermarán su calidad de vida.
En esos doce años se han producido 760.929 accidentes de trabajo con baja, lo que representa que el 75% de los asalariados vascos han tenido un accidente de trabajo en ese período. Es una situación trágica y amarga. Ese escenario estadístico no está tomado al azar, sino que representa un período ya largo en el que
la Ley de Prevención de Riesgos Laborales está vigente. Los resultados son, sin duda, totalmente negativos. No hay que olvidarse de que esa legislación obliga a los empresarios a respetar la salud y la seguridad en el trabajo.
La realidad deja al descubierto esa carencia tan importante que se cobra la vida de esos trabajadores que salen de sus casas con el único objetivo de ir a trabajar para obtener un salario, cada vez más escaso, y poder sobrevivir. Muchos no lo consiguen. Porque los empresarios incumplen la legislación, pero también porque desde las diferentes administraciones se cierran los ojos ante las continuas irregularidades y se tapan los oídos ante las críticas de los agentes sociales o de los familiares de los fallecidos o afectados por las lesiones.
En el Estado español en un siglo han muerto en accidentes de trabajo más de 85.001 trabajadores por las malas condiciones de trabajo. En este dato no se incluyen los accidentes en el trayecto de ida o vuelta del trabajo. Es una lacra que dura ya demasiado tiempo y que parece no importar a las autoridades.


 

ELA | Janire DOMINGUZ

1 En lo que va de año, más de un centenar de trabajadores han fallecido en Hego Euskal Herria como consecuencia de un accidente de trabajo. Es inadmisible. Los datos nos preocupan, pero no nos extrañan. En materia de seguridad y salud, los trabajadores de Euskal Herria trabajan en condiciones más que precarias, es necesario un cambio urgente de esta situación. La tendencia, sin olvidar las cuestiones coyunturales, indica que anualmente fallecen más de un centenar de personas por un accidente de trabajo, y aún más como consecuencia de una enfermedad profesional.
2 Es evidente que la precariedad mata; la temporalidad, la subcontratación, los ritmos de trabajo, la falta de medidas de seguridad, la falta de formación,... son razones íntimamente ligadas con la siniestralidad. Las empresas, año tras año, incrementan sus beneficios económicos, pero no quieren ni oír hablar de inversión en seguridad y salud, ni de ninguna mejora en las instalaciones, en los sistemas productivos, en dotar de mejores equipos de trabajo, mejores medidas de seguridad... aún siendo conscientes de su trascendencia. Incumplen sistemáticamente
la Ley de Prevención, pero aún así están tranquilos, se sienten impunes, porque la Administración no tiene ningún interés ni intención en confrontar con la patronal. La Administración pública tampoco pone los medios técnicos y económicos y oportunos para mejorar la situación.
La inspecciones son insuficientes y de poca calidad. En
la CAPV hay un inspector por cada 15.000 trabajadores, cuando en Europa hay uno por cada 5.000-7.000. A esto hay que añadir que, aún y habiendo un superávit de 780 millones de euros en 2006 con respecto al PIB, el presupuesto de Osalan se ha incrementado entre un 0,021% y 0,022%; es un escándalo de incalculables consecuencias trágicas para el trabajador.
En definitiva, no hay una voluntad política real de abordar esta preocupante realidad.
3 Los datos demuestran que los planes virtuales del Gobierno de Lakua no dan resultado. En el sector industrial sólo se han visitado un 12% de empresas seleccionadas, y en toda
la CAV se han impuesto dos sanciones, por un importe total de 4.500 euros. En la Construcción, aunque en el 30% de las obras visitadas se habían detectado infracciones graves, se levantan 11 actas de infracción con propuesta de sanción total no superior a 42.000 euros.
No vale con decir que se trata de una cuestión prioritaria, y que es responsabilidad de todos y todas, así no hacen otra cosa que eludir su propia responsabilidad. Menos propaganda, y más control e inspección, más medios técnicos, más prevención...
Es evidente que desde ELA, mediante la acción sindical y la negociación colectiva, seguiremos denunciando estas situaciones en cada una de las empresas de Hego Euskal Herria.


 

LAB | Ibon ZUBIELA

1 El balance, desgraciadamente, no puede ser positivo, ya que los datos de siniestralidad se mantienen. En lo que llevamos de 2007 son, al menos, 116 las trabajadoras y trabajadores que han perdido la vida en o por sus puestos de trabajo, así que mientras las cifras de siniestralidad se mantengan estables, todos los años habrá más de cien trabajadores muertos por las condiciones de trabajo, la precariedad y la falta de prevención real en las empresas. Por todo ello, nuestro balance siempre será negativo.
Esto en lo referente a los accidentes de trabajo, que a pesar de que en las estadísticas oficiales existen déficits o intereses de ocultamiento evidentes se tiene un mayor conocimiento de los mismos que, por ejemplo, en torno a las enfermedades profesionales, que todavía ni siquiera sabemos realmente a que nos estamos enfrentando, ya que no existen datos que reflejen la realidad en este problema.
2 Esta situación responde a cómo el sistema capitalista exprime a la clase trabajadora, como un recurso más que estrujar, sin importar lo que suceda, lo único importante es seguir mejorando las cuentas de resultados.
Las demás pérdidas de salud que sufrimos hoy en día la clase trabajadora son evitables. No son producto de la mala suerte, ni de una plaga o de una acción divina, son consecuencia de las condiciones de trabajo, de la precariedad, de la temporalidad, la subcontratación y de la falta de prevención en las empresas. Por lo que si existiera un interés real, todos los accidentes, y decimos bien, se podrían evitar, pero por desgracia ese interés no existe y año tras año mueren en Euskal Herria más de cien trabajadores.
Todo esto sucede en un momento histórico en el que los beneficios empresariales y del capital suben año a año, y a la clase trabajadora se nos condena al sufrimiento y a la muerte en beneficio de la economía. ¿Este es el canon de sangre que debe pagar la clase trabajadora para que unos pocos sigan llenándose los bolsillos? Desde el sindicato LAB consideramos que no, que lo primero que debe primar es la salud y la vida de los hombres y mujeres, que su único delito es trabajar para cubrir las necesidades más básicas.
Por todo ello, debemos seguir denunciando bien alto que las y los culpables y responsables son los empresarios, la patronal, acompañados en este macabro viaje por unas administraciones publicas sordas, ciegas y mudas, que se limitan a esconder la cabeza debajo de la tierra no queriendo ver la realidad y olvidándose de lo que hay detrás de cada accidente.
3 Pues, desgraciadamente, si no se ponen medidas reales, el año que viene nuevamente tendremos que denunciar esta situación. Cientos de accidentes que dejan personas mutiladas e incapacitadas para una vida personal y social plena, más de cien accidentes mortales,... y tendremos que denunciar esta situación porque se trata de crónicas de muertes anunciadas, porque mientras no se cambien las condiciones de trabajo y se apueste de una manera real por la prevención de riesgos laborales nada va a cambiar en este terreno lleno de siniestralidad.
Es por ello que la respuesta es bien sencilla. Precisamente actuar sobre las causas de los accidentes. Deberemos actuar sobre la temporalidad, sobre la subcontratación, sobre la precariedad estructurada, que suponen una merma de derechos de la clase trabajadora. Todo ello, cambiando el actual modelo de relaciones laborales que prima los beneficios económicos frente a la salud y la vida de las trabajadoras y trabajadores.
Conjuntamente con ello deberemos mejorar la prevención, que hoy en día no se da más que en un papel formal en las empresas, como fórmula de librarse de las multas, por si aparece
la Inspección, pero no para hacer prevención en las empresas. Los servicios de prevención están más preocupados de hacer papeles que no comprometan demasiado a las empresas y no de hacer prevención. Han convertido nuestra salud en su negocio y eso es lo que debemos de cambiar.

 

 

STEE-EILAS | Runén BELANDIA

1 Doce años después de la aprobación de la ley de prevención, las cifras se mantienen inalterables. En torno a 100 personas muertas cada año en Euskal Herria. Cuando hay el más leve descenso, las administraciones dicen que es por la eficacia de su gestión. Cuando mueren tres personas en dos días, como hace una semana, se esconden esperando que el eco de las muertes en el trabajo desaparezca de los titulares.
2 Tenemos en vigor toda la legislación europea, pero no se cumple, ni se persigue su incumplimiento. Tampoco nos falta
información técnica. Muchas muertes se podían haber evitado con medidas que caben en un simple folleto y que cualquiera puede obtener en internet. Por desgracia, la prevención está sujeta a la lucha de intereses que se produce entre quienes arriesgan su vida y su salud y quienes sólo buscan aumentar sus beneficios. La precariedad dificulta incluso el ejercicio de los derechos que la ley otorga a las personas trabajadoras, como es el derecho a paralizar el trabajo cuando existe una situación de riesgo grave e inminente. La subcontratación genera una descoordinación entre las actividades de distintas empresas, que incrementa los riesgos.
3 Hay que fomentar una cultura preventiva desde la enseñanza. Los trabajadores y empresarios del futuro hoy en día están en las aulas. Sería importante que interioricen que ningún producto ni ningún servicio pueden prestarse a costa de la salud, la vida o la dignidad de las personas. Sin embargo, los Departamentos de Educación de
la CAV y Nafarroa se niegan a trabajar en esta línea.
También sería necesario que cualquier persona que circule por la calle y vea una situación de riesgo en una obra o en un centro de trabajo disponga de un número de teléfono al que llamar para denunciar esa situación y que un técnico de prevención acuda al lugar para analizar la situación y dictar las medidas oportunas. En Catalunya tienen un servicio similar a través de internet.

 

ESK | Santi GARCIA

1 ESK pensamos que tanto en la Comunidad Autónoma del País Vasco, como en la Comunidad Foral de Navarra, la siniestralidad laboral continua en los mismos parámetros de siempre, aunque se diga lo contrario desde las administraciones públicas.
Por ejemplo, en los accidentes mortales las
Administraciones no cuentan a quienes mueren como consecuencia de un accidente laboral si la defunción tiene lugar días después del accidente, tampoco a quienes están censados en otra comunidad, ni a los o las emigrantes sin papeles. Las patronales y las mutuas camuflan accidentes de trabajo no considerándolos como tales, por ejemplo, dando al trabajador o trabajadora días de permiso para que se recupere, evitando de esta forma dar la baja, la cual constaría en las estadísticas. También hemos visto como práctica habitual en algunas fábricas que en vez de dar la baja por accidente recolocan a la persona afectada en otro puesto de trabajo que sea compatible con la lesión. Se esta extendiendo, incluso, la filosofía de negar la existencia de accidentes exigiendo que la persona accidentada deba demostrarlo por ella misma. A esta manipulación de datos hay que sumar la falta de registro real de las enfermedades profesionales.
2 La principal causa es la falta de implicación de las patronales y la administración. Hay un incumplimiento generalizado de
la Ley por parte de las patronales que se traduce en que cantidad de trabajadores no tienen planes de prevención, evaluaciones de riesgos, vigilancia de la salud, formación,... La Administración hace poco para evitarlo. Tanto la Inspección de Trabajo como Osalan o el INSL no cuentan con el equipo humano suficiente. Esta situación resulta especialmente crítica para quienes trabajan en las peores condiciones.
3 Con respecto a los accidentes de trabajo
la Administración debería impulsar políticas que obligaran a las patronales a asumir sus responsabilidades. La Inspección de Trabajo debería controlar más lo que ocurre en los centros de trabajo y la patronal deberían sentir con más contundencia el peso de la ley. Por otra parte, el 30% de mano de obra trabaja en precario. El Gobierno español y los gobiernos autónomos deberían restringir sensiblemente el uso de las modalidades de trabajo eventual y de subcontratas.
Con respecto a las enfermedades profesionales pasa lo mismo. Quienes mandan en las empresas no tienen interés en que se visualicen. Osakidetza o Osasunbidea deben implicarse más,0 ya que una médica o un médico saben si la patología que están tratando a un o una paciente, puede ser de origen laboral o no. Es fundamental la notificación de la enfermedad profesional, si no se notifican no existen. Los sindicatos deberíamos seguir denunciando y movilizando para exigir el cumplimiento estricto de las medidas de prevención.