Exaltan la figura
del ex general Rodríguez Galindo, condenado por torturas y asesinato
¿Hace
apología del terrorismo un ex Fiscal General del Estado?
Armando Quiñones
Canarias-semanal.com,
20-06-2007
Eligio Hernández -ex Fiscal
General del gobierno de Felipe González- expresó su
agradecimiento al ex general Enrique Rodríguez Galindo, por lo que
él calificó como "su sacrificio por la democracia en
España". Como se recordará, este ex general de la Guardia
Civil, organizador de los GAL, fue condenado a 71 años de prisión
por torturas, asesinato, secuestro y pertenencia a banda armada...
Eligio Hernández, ex
Fiscal general del Estado del Gobierno de Felipe González en la primera
mitad de los noventa, manifestó públicamente, el pasado 16 de
junio, su agradecimiento al ex general Enrique Rodríguez Galindo, por lo
que él calificó como "su sacrificio por la democracia en
España". Hernández, que había sido también ex
delegado gubernativo en las Islas Canarias, expresó este agradecimiento
a través de un artículo titulado "La Guardia Civil frente al
terrorismo", publicado en el periódico matutino La Provincia. En su
escrito, el ex fiscal general del Estado afirma, de forma un tanto solemne y
grandilocuente que, "hasta ahora había guardado silencio contra los
dictados de mi conciencia. No puedo permanecer más en silencio por
servicio a mi conciencia, sucursal de Dios en mi persona".Espiritualmente
estremecido, el ex magistrado también confiesa en su artículo, "no
haber superado el desengaño y la frustración que sufrió al
visitar en la cárcel a Barrionuevo, Rafael Vera y al General Galindo,
con quienes había colaborado lealmente en la lucha contra el
terrorismo".
Con intencionada
ambigüedad, y sin proporcionar los argumentos jurídicos que
pudieran justificar su discrepancia, el ex fiscal disiente de la sentencia que
pronunciara hace siete años el Tribunal Supremo, en la que se condenaba
a largas penas de prisión al ex secretario de Estado de Seguridad, al ex
ministro del interior Barrionuevo y al ex general de la Guardia Civil. No
obstante, y curándose en salud, Hernández dice “no tener
ninguna duda de la independencia e imparcialidad de los magistrados que
dictaron sentencia".
Con un cinismo que da
escalofrío, este ex magistrado, originario de la isla canaria de El
Hierro, bajo cuya autoridad estuvieron vidas y haciendas, reprocha con amargura
al Partido Popular el que promoviera la investigación de los asesinatos
de Lasa y Zabala, “diez años
después de que éstos se hubieran producido”. En cambio,
mantiene Hernández, Felipe González, "con una dignidad que
le honra", le confesó a él personalmente que no
quería empañar la memoria de los gobiernos de Adolfo
Suárez, abriendo una investigación sobre los más de veinte
asesinatos que habían cometido los grupos parapoliciales
bajo el mandato de la UCD. ¿Como es posible que todo un Fiscal General
del Estado especule con los asesinatos como si de un intercambio de cromos se
tratara? ¿Qué tipo de "Estado de Derecho" es
éste, en el que el máximo representante de la acción de la
Justicia afirma públicamente que al Presidente de su país le
honra el hecho de hacer la vista gorda con los crímenes cometidos por la
Administracion que le precedió?
Quizás convenga
recordar a los lectores que el hoy ex general de la Guardia Civil,
Rodríguez Galindo, fue condenado a 71 años de prisión, por
ser uno de los organizadores de los grupos policiales que practicaron el
terrorismo de Estado, durante el gobierno de Felipe González. Los GAL,
que así se autodenominaron las mencionadas cuadrillas policiales, fueron
los autores del asesinato de más de cien personas, la inmensa
mayoría de las cuales no tenía relación alguna con ETA. El
propósito de las incursiones de los GAL a Francia no fue tanto
amedrentar a ETA, como presionar al país vecino para que colaborase con
la persecución de la organización armada vasca dentro de sus
fronteras. De ahí que una buena parte de las víctimas ocasionadas
por la actuación de los GAL, no tuvieran nada que ver con ETA, cuya
localización en territorio francés, por otra parte, no resultaba
nada fácil.
Sin atender a los testimonios
y las pruebas contundentes que se aportaron en el curso del juicio, y que
sirvieron para condenar por asesinato y secuestro a Rodríguez Galindo,
Eligio Hernández expresa su protesta, porque en una reciente
exposición realizada por la Guardia Civil sobre la lucha contra el
terrorismo no figurara, en un lugar destacado, la figura del ex general de la
Guardia Civil, que tantos servicios ha aportado a la democracia española.
No son pocos los lectores del artículo del ex fiscal que se preguntan
con perplejidad dónde reside la diferencia entre el homenaje a un
miembro fallecido de ETA, que ha provocado el reciente encarcelamiento de
Arnaldo Otegui, y la apología al terrorismo de
Estado que realiza Eligio Hernández, a través de la
exaltación de un individuo condenado por asesinato, secuestro y
pertenencia a banda armada. ¿Estribará la diferencia en que
mientras unos matan con licencia del Estado, otros prescinden de ella?
De los muchos crímenes
protagonizados por los GAL, los tribunales pudieron probar que el ex general
Rodríguez Galindo y algunos de sus subalternos fueron responsables del
asesinato de José Antonio Lasa Arostegui y de
José Ignacio Zabala Artano,
dos jóvenes vascos no vinculados a ETA, secuestrados en Francia, y
muertos en territorio español. Lasa y Zabala
fueron sometidos a torturas de una crueldad tal que escandalizaron a la
opinión publica internacional. Según se desprendió de los
análisis forenses de sus restos, a ambos jóvenes se les
arrancó, una a una, las uñas de sus manos cuando todavía
se encontraban con vida. La sofisticacion utilizada
en los metodos de tortura puso en evidencia la
catadura del oficial-jefe que las ordenó, Enrique Rodriguez
Galindo, a quien Eligio Hernandez "se arrepiente
no haber defendido publicamante, como era mi deber de
socialista español irremediable".
El tribunal Supremo en su
sentencia condenatoria declaró probado que:
"Desde el día 16
de octubre de 1983 José Antonio Lasa Arostegui
y José Ignacio Zabala Artano
estuvieron detenidos en La Cumbre y su custodia, siguiendo las ordenes del
Comandante ENRIQUE RODRÍGUEZ GALINDO, fue encomendada por el
Capitán Ángel Vaquero Hernández, a Enrique Dorado
Villalobos y a Felipe Bayo Leal, llevándose a cabo, por turnos, en los
que también intervinieron otras personas.
A lo largo de varios
días Jose Antonio Lasa Arostegui
y Jose Ignacio Zabala Artano fueron interrogados por Enrique Dorado Villalobos y
Felipe Bayo Leal, y visitados con frecuencia por el capitán Ángel
Vaquero Hernández, y el primer día por el comandante ENRIQUE
RODRÍGUEZ GALINDO y JOSE JULIÁN ELGORRIAGA GOYENECHE.
Una vez concluidos los
interrogatorios a que fueron sometidos José Antonio Lasa Arostegui y José Ignacio Zabala
Artano, y resueltos ENRIQUE RODRIGUEZ GALINDO, JOSE
JULIÁN ELGORRIAGA GOYENECHE, Ángel Vaquero Hernández,
Enrique Dorado Villalobos y Felipe Bayo Leal en darles muerte para hacerlos
desaparecer, decidieron llevarlo a cabo en un paraje aislado, que les
permitiese deshacerse de los cuerpos, enterrándolos en cal viva, para lo
cual fue elegida la Foya de Coves,
término municipal de Busot, Alicante".
Rodríguez Galindo fue
condenado por estos hechos a 71 años de prisión por el Tribunal
Supremo. Inició el cumplimiento de la sentencia en el año 2000,
pero apenas tres años después sería excarcelado por el
gobierno de Rodríguez Zapatero. Su puesta en libertad causó un
auténtico escándalo social en Euskadi y
en otros lugares del Estado. Los hechos demostraban que el contumaz silencio de
Galindo sobre el reparto de responsabilidades en lo sucedido tenía un
precio. Y no se hizo otra cosa más que pagarlo.
Eligio Hernández, cuyos
dos años de mandato en la Fiscalía General del Estado estuvieron
marcados por una fuerte polémica por su sumisión cómplice
a las orientaciones de Felipe González, y que tuvo que ser
fulminantemente destituido por el propio presidente, ante la posibilidad de que
el Tribunal Supremo declarara ilegal su nombramiento, afirmó también,
en su artículo del pasado sábado, que había sido
"testigo directo del abnegado sacrificio" del ex general
Rodríguez Galindo, y de "su respeto y obediencia al Gobierno".
No son pocos los que, después de leer estas opiniones del ex magistrado,
se empiezan a preguntar si son los secretos generados por esa "obediencia
debida", los que están convirtiendo en urgente para el ex fiscal la
reivindicación del supuesto pundonor de un asesino.
Hernández forma parte
de los sectores más derechistas del PSOE canario. Aunque adorna su discurso
con una fraseología populista y aparentemente de "izquierdas",
sus posiciones ideológicas se alinean con la corriente más
conservadora de su partido en el archipiélago. Su notorio desprestigio
en el ejercicio de la Fiscalía General del Estado, y los consecutivos
fracasos electorales del PSOE en los últimos años, lo apartaron
de la actividad política. Últimamente, ante las expectativas de
tiempos propicios, vuelve a remolonear dejándose escuchar en un medio
local de Tenerife que le presta sus micrófonos. Sus afinidades parecen
estar próximas a José Segura Clavell,
el delegado del Gobierno en la Comunidad Autónoma canaria que fue
responsable del nombramiento de Antonio Gil Rubiales como comisario provincial
de Tenerife. Gil Rubiales, a su vez, fue condenado por el Tribunal Supremo por
torturar al detenido político Joseba Arregi, que murió durante su detención a
consecuencia de estas torturas.
En círculos de la
izquierda de las Islas se estima que la repentina toma de conciencia
pública de Eligio Hernández sobre la “injusticia”
cometida con Galindo no es producto de una mera casualidad. En estos mismos
círculos se presume que el ex fiscal, que reconoce haber discrepado con
el proceso de paz iniciado con la tregua de ETA, está haciendo en su
artículo un aviso a navegantes. La reciente publicación de una
autobiografía de Rodríguez Galindo, y casi simultáneamente
de las memorias de Rafael Vera, son signos inocultables de que ha llegado la
hora de reivindicar social y políticamente a quienes con el asesinato,
prestaron un "inmenso servicio" al Estado. Y Eligio Hernández,
conocido con el sobrenombre de "el fiscal de los GAL", ha dado la
primera campanada.