SRI: ¿Sorprendida por
tu salida de la cárcel?
ISABEL LLAQUET: Mucho, pero no
solo para mí sino para casi todo el mundo. Estamos tan acostumbrados a que nos
condenen sin pruebas y a que nos caigan tantos años de cárcel por ser
comunistas, que no te lo crees. Sobre todo ahora, después de nuestra
ilegalización y de la ley de partidos, cuando han decidido, por decreto, aunque
no lo hayan probado, que el PCE(r) y los GRAPO son lo mismo. La sorpresa ha
sido muy grande.
SRI: Tanto montaje de
juicios en Francia, Italia y España se les ha venido abajo estrepitosamente...
I.LL: Sí claro, no han
conseguido ni una sola prueba de nada porque no las hay. Llevan 30 años
buscándolas y así siguen.
SRI: Hay una anécdota ocurrida en
Francia después de salir la primera sentencia, cuando el Presidente del
Tribunal se encontró en la cola de la caja del supermercado con tu abogada
francesa y ésta le comentó que cómo era posible que te hubieran condenado,
cuando no solamente no había pruebas sino que tu nombre apenas se había
mencionado a lo largo del juicio, y el magistrado le contestó que así se lo
había indicado la guardia civil, ¿es cierto esto?
I.LL: Sí, y lo primero que choca ahí es la famosa independencia judicial, no
solamente de los jueces respecto del gobierno sino que los jueces franceses son
verdaderas marionetas que hacen lo que les dicen los policías de otro país.
Quedó claro que no te condenan por los papeles sino por influencias políticas
que no están en los papeles. Además, se habían centrado tanto en Manuel que se
olvidaron de todos los demás, sobre todo de las mujeres. Ni siquiera nos
hicieron preguntas a nosotras. Parece que pensaban que no teníamos nada que
decir.
Sin embargo, luego la condena fue colectiva, a todos por igual, que es la
máxima en Francia: 10 años. ¿Quién la dictó? Pues claramente: la guardia civil.
Además hay que ser pelele para admitirlo públicamente. Hasta la abogada
francesa estaba escandalizada.
Pero eso no fue todo. Un funcionario de la embajada española en París
interrumpió el juicio en una de sus sesiones para entrevistarse reservadamente
con el Presidente del Tribunal. No sólo los abogados defensores lo hicieron
constar en las actas para el recurso, sino que la misma fiscal se quedó
sorprendida. Luego supimos que aquel “embajador” era un coronel de la guardia
civil que coordina la represión en Francia. A partir de ahí el juicio cambió de
tono radicalmente.
SRI: ¿Cómo se explica que pasaras de
ser refugiada política a ser malhechora en Francia?
I.LL: Bueno, era refugiada política en Bélgica, pero iba por Francia
regularmente. Eso se explica con la famosa “transición” y lo bien que les ha
venido a los gobiernos europeos que España haya remozado la fachada de su
régimen político.
SRI: ¿Por qué?
I.LL: Porque el que hubiera exiliados políticos en su país era un problema
interno, sobre todo cuando eran comunistas. Mientras vivió Franco tuvieron que
admitirnos y concedernos asilo. Pero una vez que los falangistas escondieron su
camisa azul y la metieron en lejía... a partir de ahí, aunque saben que es un
montaje, que no hubo ruptura, como en Portugal o Grecia, admitieron que de la
noche a la mañana España había pasado de ser un régimen fascista a ser una
monarquía impuesta por el mismo Franco, quien siempre se jactó de que había
dejado todo atado y bien atado.
SRI: Sin embargo, hay quien no se cree
esas cosas. Por ejemplo, que Josefina García Aramburu, con su pena ya cumplida,
siga en prisión, ¿quién miente aquí?
I.LL: Para la mayor parte de la gente es, efectivamente, muy difícil de creer
que Fina siga presa sabiendo que ya ha sido juzgada en Francia por lo mismo que
se le pretende juzgar en España, y que tiene su condena cumplida. Pero no sólo
ella, sino todos los demás camaradas que están en ese mismo sumario, que es el
de la ilegalización, que ya está resuelto incluso por el Tribunal Supremo. El
Ministerio del Interior considera que en Francia han cumplido muy poca condena.
Sucedió lo siguiente: en Francia nuestra sentencia fue escandalosa porque al
ser colectiva fue muy criticada en medios judiciales franceses. Por eso en la
segunda hicieron un escalafón, graduaron las penas, y en España eso les pareció
poco. Por eso tratan aquí de apurar el tiempo de prisión preventiva, es decir,
mantenerla encarcelada otros cuatro años más, que sumados a los cuatro que ha
cumplido en Francia serían ocho años, que es más o menos lo que te echan aquí
sólo por el hecho de ser comunista.
SRI: Me resulta curioso que hayáis
recibido más solidaridad de fuera que del interior de España, ¿lo atribuyes al
miedo?
I.LL: No creo que sea así; no ha habido más solidaridad fuera que aquí. Lo que
pasa es que la de fuera es más visible. Pero, en efecto, en la del interior hay
miedo y no se manifiesta abiertamente.
SRI: Pero ¿existe?
I.LL: No se manifiesta abiertamente. Aquí incluso las verdaderas
organizaciones solidarias, como el Socorro Rojo Internacional, están
perseguidas. Por eso es más fácil que se exprese en una organización del
exterior que aquí, porque aquí te relacionan inmediatamente, te fichan y te
incluyen dentro del “entorno”. Ser solidario de un preso político, en concreto
con nosotros, supone también ser perseguido. A mí me ha sorprendido en este año
de cárcel en España, a pesar de todos los filtros y la censura, de que casi
nunca te dan una carta sin remite... que alguna cuele. Entonces te das cuenta
de que te escribe mucha gente sin remite, pero no te dan las cartas. Se quieren
solidarizar pero tienen miedo a identificarse, y con razón. Las últimas medidas
represivas son contra el “entorno” y eso ejerce una presión enorme.
SRI: Pero yo me refería a
organizaciones...
I.LL: Yo no voy a calificar a las organizaciones a las que te refieres.
Pero me parece increíble que una organización que se declara comunista no sea
solidaria con los comunistas encarcelados. No sólo hay miedo; hay algo más: si
una organización que se declara comunista no se solidariza con los presos
comunistas, será porque su comunismo es más que dudoso, o porque sólo lo son de
palabra, no en los hechos.
SRI: ¿Has percibido hostigamiento,
seguimiento, vigilancia o amenazas al salir de prisión?
I.LL: La vigilancia existe pero me he propuesto no pasarme la vida mirando
hacia atrás. Existe el hostigamiento sobre el entorno familiar. Ayer comimos un
grupo de amigos y familiares y uno de ellos al salir se encontró con las ruedas
de su coche pinchadas. Luego me contó que unos días antes le habían roto los
cristales. Aparte de eso, las típicas llamadas de teléfono por la noche con
amenazas...
SRI: Entonces, ¿es forzosa la
clandestinidad? ¿Aquí no se puede hacer nada libremente?
I.LL: La verdad es que te empujan a ello. Es muy poco inteligente por su parte.
Lo que intentan es impedir el calor de la gente cuando sales, el apoyo y la
solidaridad, que te sientas solo, algo que, por cierto, es un fracaso total por
su parte porque aunque haya muchos que no compartan todas tus ideas, están
contigo. Incluso esos nos apoyan.
SRI: 20 años de clandestinidad, 7 de
cárcel, ¿cómo ves la calle? ¿te lo esperabas así?
I.LL: Espera que eche cuentas... Han sido 22 años de clandestinidad en total y
12 de cárcel. No me lo espera de ninguna manera porque no esperaba salir. Pero
sí, al salir he notado el choque, no como la vez anterior. Pero es que la otra
vez “sólo” fueron cinco años y ahora han sido más, a los que hay que sumar los
15 años previos de clandestinidad y exilio, alejada de la vida cotidiana de
aquí.
SRI: ¿Qué es lo que más te ha chocado?
¿El euro? ¿El móvil? ¿Internet?
I.LL: Todo eso no existía cuando me detuvieron. Bueno, el móvil e internet
no estaban tan extendidos como ahora. No me chocan los cambios técnicos sino el
consumismo. Es una deriva. A veces por la noche me viene a la cabeza la
literatura obrera de hace un siglo cuando la patronal, sobre todo en las
empresas mineras, pagaba a los obreros con bonos y tenían obligación de comprar
en las cantinas de la propia empresa. Así el dinero no pasaba por las manos de
los trabajadores. Ahora me da la impresión de que es lo mismo. El salario de
los obreros se deposita inmediatamente, o bien en el banco, para pagar las
deudas y las hipotecas, o bien en los grandes centros comerciales. ¿Por qué?
Porque el capital necesita reproducirse y ampliarse continuamente, lanzar
nuevos productos, la mayor parte superfluos. Pero han pasado a formar parte de
las necesidades cotidianas y aunque no sean necesarios, la gente no puede
prescindir de ellos.
Ahora los más jóvenes venden su fuerza de trabajo de antemano. Igual que antes.
Como hace siglos, gastan más de lo que ganan y los obreros se endeudan. Así el
capital tiene sometidos a los obreros. Dependen de la empresa de por vida y no
pueden dejar de trabajar. Si esa cadena se rompe, el obrero se convierte en un
despojo de la sociedad.
SRI: La mayor parte de tu condena la
has pasado en celdas de castigo, ¿cómo están las cosas dentro?
I.LL: No la mayor parte, no. En Francia el régimen preventivo es muy severo
para todo el mundo, especialmente para los presos políticos. En España he
estado todo el tiempo en aislamiento. De las cárceles que yo conocí en los
ochenta ha cambiado mucho. Han afinado la política represiva, empezando por la
dispersión de los presos políticos, siguiendo con las famosas clasificaciones,
grados, peligrosos, etc. Dentro de la dispersión han conseguido mantener
aislados a los presos políticos en módulos diferentes, que no veas a nadie, que
no hables con nadie. Con los presos políticos vascos les resulta más difícil
porque al ser más numerosos acaban coincidiendo en los módulos carcelarios,
pero a nosotros nos mantienen uno a uno, sin coincidir nunca. En los años
ochenta estábamos reunificados pero ahora han eliminado la vida, el trabajo y
el estudio en común. El aislamiento es muy diferente. De todos modos, iniciaron
esa política para liquidar, desmoralizar o hundir sicológicamente a los presos
políticos, incluso a nivel humano, para convertirlos en fieras enjauladas o en
peleles que les besen los pies. Y no lo han conseguido. La prueba es que los
que han salido tras 20 años de cárcel, o más, han salido con la moral muy alta
y se han reincorporado a la lucha inmediatamente.
SRI: En Bapaumme has estado en una
cárcel privada de Francia, ¿se diferencia mucho de las españolas?
I.LL: En Francia no existen las cárceles completamente privadas como en USA,
aunque la tendencia es a la privatización. Allí los nuevos penales de
cumplimiento son semiprivados. La parte correspondiente a la seguridad y
vigilancia es del Estado y todo lo demás lo gestiona una empresa privada que,
como tal, su objetivo es el lucro, como cualquier otra empresa capitalista. La
diferencia es que allí un preso indigente lleva un vida terrible porque todo
hay que comprarlo y es muy caro. Se puede comprar de todo, incluso muebles para
la celda. Se puede cocinar y encargar de fuera lo que quieras para cocinarlo.
Pero pagando y la empresa que gestiona la cárcel se queda con una parte. Si ya
en los talleres de las cárceles estatales, francesas o españolas, la
explotación es feroz, cuando no hablamos sólo del taller sino de toda la
cárcel, la cosa es tremenda. Pagan unos salarios de miseria.
Una cosa muy curiosa del departamento de mujeres de Bapaumme, donde había unas
100 presas, es el espectáculo cotidiano de la venta de la fuerza de trabajo. En
una cárcel pública va todo el mundo a los talleres, y si no hay trabajo, no te
llaman. Pero en las privadas las presas se colocan a las 8 de la mañana a la
puerta del módulo medio dormidas, preparadas para trabajar y la encargada
selecciona una por una a las que va a emplear. Es un pequeño mercado de fuerza
de trabajo, como los jornaleros en Andalucía. Las que casi nunca eran
seleccionadas, por ejemplo, las más mayores, se llevaban unos 40 euros al mes,
con los que no podían sobrevivir. En Bapaumme hay que trabajar siempre de pie
porque así se trabaja más. El problema es que con los salarios de la
inmigración ya no compensa llevar trabajo a las cárceles porque fuera lo hacen
por un sueldo parecido. Entonces sólo les dan trabajo en la cárcel si son muy
productivas y rentables.
Nosotros conseguimos sobrevivir porque nuestro entorno solidario francés era
consciente de que las cárceles privadas son más caras y nos enviaban más
dinero. Aproximadamente era el doble respecto a las cárceles públicas, como
Fleury-Merogis, y aún así vivíamos ajustadamente.
SRI: ¿Cómo te incorporaste a la lucha
antifascista?
I.LL: Yo fui tomando conciencia política en la universidad, hacia 1969. Cuando
me incorporé había un movimiento estudiantil bastante radical y amplio. Yo era
simplemente antifascista. Después fui dándome cuanta de las diferencia entre
los grupos políticos y aprendí a reconocer a los revisionistas. Me di cuenta de
que sus ideales estaban lejos de los ideales comunistas y de que sólo pensaban
en integrarse dentro del régimen, después de darle unos retoques para salvar su
fachada. Una de las primeras cosas que me llamó la atención era su política de
reconciliación nacional. Me parecía inconcebible que predicaran la
reconciliación con los verdugos, con los que habían mantenido al pueblo bajo el
terror durante 40 años. Conocí a
SRI: ¿Qué recuerdos guardas de la
“transición”?
I.LL: Conservo dos muy netos. Uno, la cantidad de grupos que constituían lo
que nosotros llamábamos el movimiento domesticado de izquierda. Eran muy
radicales de palabra, hablaban continuamente de la dictadura del proletariado
en las asambleas, cuando la gente, en realidad, tenían otros problemas. Luego
se fueron integrando a la legalidad para desaparecer inmediatamente. Fue una
cosa curiosa. Y segundo, su reacción ante los que no nos integramos, las famosas
manifestaciones contra lo que ellos llamaban el “terrorismo” que en realidad
eran manifestaciones contra todos aquellos que no tragamos con el cambio de
fachada del régimen. Después de esas manifestaciones desaparecieron. Incluso se
metieron al PSOE, que no existía cuando yo estaban en la universidad. El PSOE
salió de todos esos grupos. En 1971 el PSOE estaba en Toulouse y eran los
viejos que quedaban vivos después de la guerra. En las fábricas aquellos grupos
de izquierda nos denunciaban. Decían que nosotros queríamos provocar un golpe
de Estado para regresar a lo de antes. Antes la represión eran generalizada;
también les afectaba a ellos, luego se empezaron a centrar en nosotros y ellos
aplaudiendo. Pasaron de hablar de la dictadura del proletariado a aplaudir la
dictadura fascista. En cuanto les dieron un puestecito, se echaron en brazos
del régimen.
SRI: Tú estabas en la detención de 1977
del Comité Central del PCE(r), el mismo día que se promulgó la última
amnistía...
I.LL: Como fecha simbólica, fue una clara demostración de lo que nos esperaba a
partir de entonces. Pero esa amnistía no fue general porque buena parte de los
camaradas detenidos, incluso antes, siguieron encarcelados. Luego resulta que
fueron condenados por propaganda ilegal, lo mismo que en la época de Franco.
Pero todos aquellos grupitos se quedaron tan contentos porque la prensa
fascista decía que habían detenido a la “plana mayor de los GRAPO”. Y cuando
nos llevaron al juez resulta que inauguramos
SRI: ¿Cómo es la vida clandestina?
Algunos se imaginan que estáis todo el día metidos en un agujero afilando los
cuchillos.
I.LL: Los publicistas del régimen tienen mucho interés en presentar la vida
clandestina como algo extraño, para demostrar que el clandestino está
desconectado de los problemas cotidianos, gente extraña, rara. La verdad es más
sencilla. La clandestinidad tiene como objetivo que la policía no controle tu
trabajo político. Una vez que estás fuera de su control, llevas una vida
normal, como el resto de la gente. Vas a las reuniones, haces las compras,
vives en una casa alquilada... Si tienes tiempo, vas al cine o a escuchar
música. Cuanto mejor saber llevar la clandestinidad, mejor te mueves y más
normal es tu vida. Casi igual a la de cualquier otro trabajador.
SRI: ¿Te torturaron en tu paso por las
comisarías?
I.LL: Cuando me detuvieron en Benidorm en 1977 nos trasladaron a Alicante y
de allí a Madrid a las pocas horas. Íbamos cada uno en un coche, encapuchados,
con un policía a cada lado. Yo notaba que estaba lloviendo y que el que
conducía era novato. Los otros policías le decían que tuviera cuidado. Pero nos
la dimos, y yo iba esposada con las manos atrás todo el viaje. El coche dio una
vuelta de campana y me di un golpe en la cabeza. Gracias a eso no me pegaron
mucho. Me cambiaron de coche y me pusieron las esposas delante. En esa época,
como ya estábamos en “democracia” sólo se podía estar tres días en comisaría.
Nos llevaron a
Luego me volvieron a llevar a Vía Layetana, me tendieron en el suelo y empezó
la sesión de puñetazos en muslos, vientre y pechos, hasta que se cansaron. Ya
no podía andar. Me metieron en un coche y me llevaron a Madrid. Pero no
figuraba que hubiera estado antes en Barcelona. Al llegar me estaba esperando
un traumatólogo y todo un equipo médico. El traumatólogo, que se presentó como
uno que trabajaba para el Real Madrid, me hizo radiografías y me escayoló un
pie. Me tendieron en una colchoneta en el suelo y no me tocaron ya más durante
los nueve días restantes. Entonces ya habían aprobado la ley antiterrorista,
que fijaba el plazo de detención en diez días. Yo estuve como 11 ó 12 pero los
de Barcelona no contaban, así que todo era legal. Al llegar a la cárcel estaba
negra como una africana en todas las partes del cuerpo donde tenía chicha. Así
que el médico dio parte. Ahora lo hacen más sofisticadamente: con electrodos y
otros métodos que no dejan tantas huellas. Pero entonces les daba todo igual.
Hacían una campaña de que las cosas ya habían cambiado y casi nadie quería
saber más.
En Francia es distinto, más sicológico. No te tocan, pero estás “sonado” porque
no te dejan dormir durante los cuatro días de detención. Del Ministerio del
Interior, donde te interrogan, te llevan a pequeñas comisarías cercanas que se
llenan de prostitutas y pequeños delincuentes, donde pasas las noches sentada
en un banco. Al lado de la policía española, el trato francés parece
refinadísimo.
SRI: Hay colectivos que no entienden la
represión porque a ellos sí les permiten realizar un trabajo político legal,
¿por qué?
I.LL: Esa pregunta se la haces a ellos. A mí me parece evidente que a
nosotros nos detienen porque representamos un peligro para el régimen, de lo
contrario nos dejarían hacer nuestro trabajo. Si se han cebado con nosotros es
porque el régimen no puede admitir la existencia de un verdadero partido
comunista.
SRI: ¿Merece la pena tanto sacrificio
personal? Parece que la represión se reparte entre muy pocos y toca a más...
I.LL: Sí, esa es una de las diferencias con la última época de Franco.
Entonces había mucha represión pero como también había muchos trabajadores y
antifascistas en lucha, es como si tocara a menos. Ahora es distinto. La
represión se ha concentrado en unas pocas organizaciones. En cuanto a si merece
la pena... cuando uno se incorpora a la lucha no puede tener en cuenta la
represión como algo personal. Tampoco se puede medir en función de unos
resultados tangibles, inmediatos. Además, la palabra sacrificio no me gusta. No
te sacrificas en el sentido que la cultura judeo-cristiana habla de sacrificio.
Evidentemente cuesta: no ves crecer a los hijos, tus padres se mueren y te
enteras después... Eso duele, y mucho. A mí me parece inconcebible que tengas
unos ideales, creas que tienes que hacer algo y por comodidad no lo hagas. Yo
sería incapaz de mirarme al espejo. No concibo que pienses de una manera y
actúes de otra, que no hagas lo que crees que tienes que hacer. Visto así no es
un sacrificio.
SRI: ¿Cómo se presenta el futuro?
I.LL: Todo lo contrario de lo que dicen los publicistas burgueses. Eso de
que no hay futuro no es cierto. Esa pregunta se enlaza con lo que me
preguntabas al principio sobre la situación en la que se encuentra la clase
obrera en general, así como otras capas sociales. Sientes que todo esto está
llegando a su fin, de que es el final de un ciclo. Las cosas se van a acelerar.
Se puede aguantar, pero hasta la cadena acaba rompiéndose. Y no se va romper
sólo para unos pocos sino para millones. Esa conciencia que está dormida
despertará. Se palpa. No puede suceder de otra manera. En el capitalismo no hay
salida. Ha dado de sí todo lo que podía. Los años que nos esperan van a ser muy
convulsos. Es lo que están anunciado los capitostes de las finanzas
internacionales, aunque lo escondan bajo una marea de cifras y datos. La crisis
que arrastran se va a agudizar y va a estallar a nivel económico, social y
político. Los trabajadores no van a tener más remedio que organizarse y plantar
cara.
24 de diciembre de
2007